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LEY DE LENGUAS: REIVINDICADORA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y UN RECURSO LEGAL CONTRA LA EXCLUSIÓN DEL GUARANI DE LA EDUCACIÓN

Por David Galeano Olivera ( * )

 

1. INTRODUCCIÓN

Luego de 18 años, el jueves 9 de diciembre de 2010, la Cámara de Diputados del Paraguay sancionó la Ley de Lenguas, que ahora pasará al Poder Ejecutivo para su promulgación. El día después, 10 de diciembre, coincide con el Día Internacional de los Derechos Humanos.

Y precisamente, la Ley de Lenguas reglamenta los artículos 77 y 140 de la Constitución Nacional; crea la Secretaría de Políticas Lingüísticas y la Academia de la Lengua Guarani; además protege y garantiza las lenguas Indígenas del Paraguay y el lenguaje de señas. En general, la Ley de Lenguas reivindica los Derechos Humanos del 87% de la población que habla y entiende Guarani; y de aproximadamente un 50% que es exclusivamente monolingüe Guarani, en su gran mayoría analfabeta, y además marginada y degradada socialmente por una minoría hispano-hablante, detentadora del poder político y económico.

Por otra parte, la sanción de la Ley de Lenguas ocurre justamente en momentos en que el Ministerio de Educación y Cultura dispuso -aunque parezca una ironía- la exclusión de la Lengua Guarani del tercer curso de la educación media. Sin embargo, gracias a Dios y a los parlamentarios, a partir de la sanción y promulgación de esta ley, el Ministerio de Educación deberá rever su decisión, ya que contraviene lo dispuesto por la Constitución Nacional en sus artículos 77 y 140, y por esta nueva Ley que dispone el tratamiento igualitario del Estado a las dos lenguas oficiales: el Guarani y el Castellano.



Vale la pena recordar que en el año 1992, tras una larga y casi agónica batalla, los guaraniólogos logramos la oficialización de la Lengua Guarani. La cosa no fue fácil, ya que habían intereses creados; particularmente, por parte de aquellos compatriotas (si así podemos llamarlos) que sostenían la postura colonialista y antiguaranista de que la oficialización del Guarani -entonces- no era importante y que habían otras cuestiones más relevantes que la Convención Nacional Constituyente debía tratar. Esos seudocompatriotas se valieron de diarios, radioemisoras y teledifusoras a fín de intentar abortar la idea de la declaración de la Lengua Guarani como lengua oficial del Paraguay, junto al castellano. Los más osados compararon al castellano con el jet y al Guarani con la folklórica karréta, además de otros disparates parecidos como que nosotros los “guaraniólogos” éramos un peligro para la sociedad por nuestra supuesta condición de nacionalistas a ultranza.

            Nosotros, en la vereda de enfrente, tampoco retaceamos recursos y epítetos para convencer a cuantas almas se cruzaban en nuestro camino, acerca de la importancia de la consagración del Guarani como idioma oficial de la República. Hicimos de todo: marchas, reuniones con los Convencionales Constituyentes (de hecho, varios de ellos eran ya amigos del Guarani), pero sobre todo, utilizamos los espacios que numerosos amigos periodistas (interesados en la oficialización del Guarani) nos ofrecieron generosamente. En esa histórica batalla todo estuvo permitido. El resultado: la Lengua Guarani, ¡por fín!, se convirtió en idioma oficial del Paraguay, junto al castellano.

            A partir de dicho acontecimiento, se abrieron las puertas para reclamar más espacios para la promoción y difusión de la Lengua Guarani, muy a pesar de los ya mencionados seudocompatriotas colonialistas y antiguaranistas, enquistados en el mismísimo gobierno y para ser más puntuales, en el Ministerio de Educación. En otras palabras, “ilustres” gobernantes para algunos, pero… enemigos acérrimos del Guarani, para nosotros.

            La siguiente batalla se libró ese mismo año, en diciembre y luego en julio de 1993, en ocasión de los Congresos Nacionales de Educación cuando -tras pactar ciertos acuerdos políticos con diferentes gremios de docentes, también interesados en la reivindicación del Guarani- logramos la inclusión del Guarani en la Reforma Educativa, iniciada en 1994.

            Los combatientes militantes en dichas duras batallas enumeramos -entonces- cuatro cuestiones muy importantes a ser tenidas en cuenta en el porvenir: 1)La planificación de fines y objetivos para la reivindicación y progreso del Guarani, y la definición de estrategias para la consecución de dichos fines y objetivos; 2)La aceptación y aplicación plena del refrán “la unión hace la fuerza”; 3)Entender los enemigos del Guarani y de la identidad cultural paraguaya debían -y deben- ser enfrentados contínuamente, en cualquier terreno; con fuerza, en forma organizada y con todas las armas lícitas disponibles, sabiendo que varias de las batallas podían durar mucho tiempo; y 4)La necesidad de incoporar a más aliados; es decir, reclutar a más combatientes de todo el país y del exterior. Y así lo hicimos y le seguiremos haciendo.

 

2. DESARROLLO

            2.1. Proyectos de leyes para reglamentar el Art. 140 de la Constitución Nacional

            Desde la promulgación de la Constitución Nacional del Paraguay, en 1992; distintos grupos y personalidades dedicadas al estudio de la Lengua Guarani, pusieron de manifiesto la necesidad de reglamentar el Art. 140 de la Constitución Nacional.

            Con el tiempo, y hasta el año 2007, dos Proyectos de Ley fueron presentados al Parlamento Nacional para su estudio. Uno de ellos fue elaborado y presentado por nuestro ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI, en 1996 y vuelto a presentar en los siguientes años.

            No obstante, ninguno de los Proyectos presentados prosperó por que el Ministerio de Educación siempre se opuso a los mismos, ya que esos proyectos incluían -entre otros- propuestas tales como independizar a la Lengua Guarani de la tutela y manipulación ilegal del MEC.

            En el 2007, se manifiesta con gran fuerza otro movimiento denominado Taller de la Sociedad Civil, liderado por el Dr. Tadeo Zarratea (acompañado por Lino Trinidad, María Eva Mansfeld de Agüero, María Elvira de Campos, Susy Delgado, Dionisio Gauto, Mario R. Alvarez, Perla Alvarez y otros); que logra aglutinar a varias personalidades e instituciones -entre ellas el ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI- en torno a un anteproyecto finalmente convertido en Proyecto de Ley de Lenguas. En una actitud inteligente y a fin de evitar conflictos en el momento de su tratamiento en el Parlamento Nacional, el Taller de la Sociedad Civil resuelve “compartir” el documento con el MEC para que dicho organismo de gobierno presente las “tachas y reclamos”. Ocurrido ésto, y de común acuerdo: el Taller de la Sociedad Civil y el MEC, elevaron el Proyecto consensuado al Poder Ejecutivo para que éste lo remitiera al Poder Legislativo.

            Sin embargo, la Comisión Nacional de Bilingüismo (la anterior, no la actual), presentó al Parlamento Nacional, en ese interín, otro Proyecto de Ley de Lenguas; donde -por ejemplo- uno de los artículos del proyecto, los convertía en miembros natos y casi mayoritarios de la Dirección de Políticas Lingüísticas a crearse y con derecho a elegir a los demás miembros.

            Lo anecdótico es que miembros de la mencionada Comisión Nacional de Bilingüismo, jugaron a “dos puntas”, pues también estuvieron en el tratamiento del Proyecto elaborado por el Taller de la Sociedad Civil. Entonces la pregunta fue ¿en qué quedamos? ¿Chicha o limonada?. Demás está decir que el Ministerio de Educación nada hizo para “estimular” a los miembros de la Comisión Nacional de Bilingüismo a retirar su proyecto.

            Con todo ese pintoresco panorama de por medio y los antecedentes de las batallas ya libradas, me permití decir a varios amigos, cual ave agorera, que -pese a todos los chiches- el Proyecto consensuado tampoco sería tratado con prontitud, por que de hecho, no convenía -entonces- a ciertos sectores (entre ellos, el MEC).

            De todas maneras, siguió el baile, y la entonces ministra de educación acudió el último día de julio de 2007 al Palacio de Gobierno a entregar, en compañía de asociados del Taller de la Sociedad Civil, el Proyecto consensuado para que el Ejecutivo lo derivara al Parlamento. Los más ingenuos pensaron que la remisión del Ejecutivo al Legislativo ocurriría al día siguiente, pero no fue así. Los más realistas (yo, uno de ellos) calculábamos que probablemente se remitiría dos o tres meses después o talvés… nunca. Y, así ocurrió. El proyecto de marras fue remido al Congreso recién en setiembre, por problemas relacionadas a la famosa “voluntad política”.

            2.2. ¿Qué había detrás del Proyecto de Ley de Lenguas?

            ¿Qué hubiera ocurrido entonces si la Ley fuese aprobada, y la Academia de Lengua Guarani -creada en virtud de dicha Ley- como primera medida, reclamara al MEC la torpe y destructiva politica aplicada en la enseñanza del Guarani?. ¿Estaría el MEC en condiciones de tragarse los sapos y culebras y sobre todo admitir el grave error cometido al rediseñar (1999 y 2004) un pésimo programa de educación bilingüe; más aún si tomáramos en cuenta el multimillonario dinero mal gastado en la aplicación de dicho seudoprograma de educación bilingüe, que solamente generó el rechazo de la ciudadanía?. ¿Cómo quedarían el “honor” y la “sabiduría” de los “sesudos” técnicos del MEC, al caer por tierra el mamotreto que intentaron aplicar para destruir al Guarani?. Finalmente ¿Cómo quedaría el MEC y en general, el gobierno Paraguayo ante los organismos internacionales (sobre todo, la banca) a quienes convenció de las supuestas bondades del modelo aplicado?. Allí estaba la cosa… 

A la pregunta “¿qué había detrás del Proyecto de Ley de Lenguas?, la respuesta… 1)Poder y 2)Soberbia. Concretamente, el Ministerio de Educación -de entonces- tenía mucho que perder. En primer lugar perdería poder ya que la promulgación de la Ley de Lenguas permitiría un mayor número de protagonistas con poder de decisión en la promoción de las lenguas, poder que hasta ese momento detentaba en forma arbitraria e ilegal el Ministerio de Educación. Al MEC no le agradaría, bajo ningún punto de vista, recibir órdenes de otro ente.

            Por otra parte, con la sanción de la Ley de Lenguas también desaparecería la Comisión Nacional de Bilinguismo; en otras palabras, sus miembros pasarían -de la noche a la mañana- a la llanura perdiendo espacio y poder.

            Por el otro lado está la soberbia ya que nadie quiere “perder” y, nos guste o no, con la promulgación de la Ley de Lenguas habrían perdedores; más aún si tomaramos en cuenta que en la batalla encubierta habían algunos técnicos del MEC que siempre fueron una especie de Ñandejara’i (dioses) que “cortaban la torta” a su antojo; que incluso podían, con o sin razón, “borrar del mapa” a sus adversarios. Esos soberbios eran los que estaban “cruzando los dedos” para que esta Ley no prospere, por que no les convenía.

            Hasta ahora la batalla en torno al modelo de educación bilingüe a aplicar fue dura hasta sanguinaria. En particular, esa batalla empezó en 1999 y hasta ahora no ha concluido, y en su devenir ya tuvo muertos, heridos y contusos, pero… sigue. A no dudarlo, la Ley de Lenguas puede marcar el final de dicha batalla y declarar a vencidos y vencedores.

            Deseo destacar que en el Paraguay, quienes históricamente se han enfrentado al MEC han sido los gremios de docentes, reclamando mejores condiciones laborales para sus asociados; y por otro lado, los docentes de Lengua Guarani, reclamando mayores espacios y carga horaria para el Guarani o denunciado la perversa política del Ministerio de Educación en la promoción del Guarani. Nunca, jamás, escuché de alguna manifestación de docentes de otras áreas en contra del MEC, ya sean de castellano, matemáticas, literatura, química, sociales o ciencias naturales.

            2.3. La sanción de la Ley de Lenguas el 9 de diciembre de 2010

            Lograr dicho objetivo no fue fácil; pues así como algunos se jactaron y jactan de haber elaborado el Proyecto de Ley de Lenguas, es justo y necesario reconocer el trabajo de los otros (una especie de bastardos no deseados pero necesarios) que hicieron el otro 50%, en menos de un año. Fueron los que se arremangaron y amanecíeron o anochecieron en el Parlamento, generando reuniones con los parlamentarios y conversando con ellos a fin de convencerlos de las bondades del proyecto y pedirles su voto, su apoyo. Estos fueron los negociadores, los que pelearon palmo a palmo la sanción de la ley, los que acudieron a amigos y amigos de amigos para lograr una entrevista o para presionar, los que hicieron cientos de congresos, seminarios o foros, los que juntaron firmas de apoyo a la ley, los que se acercaron a los poderes del Estado, a los ministerios y demás reparticiones publicas, a las instituciones privadas: iglesia, universidades, sindicatos, asociaciones, etc a pedir notas de adhesión al proyecto.

            Que quede claro, la sanción de esta ley no se dio por obra y gracia del Espíritu Santo, y tampoco resultó de una concesión graciosa de parte de los parlamentarios. Muchos de ellos, inicialmente, se mostraron contrarios y renuentes siquiera al estudio de la Ley; sin embargo, el trabajo metódico, persistente y disciplinado dio resultado, pues la Ley de Lenguas finalmente fue sancionada por unanimidad en ambas Cámaras y está a punto de ser promulgada por el Poder Ejecutivo. Por otro lado, debemos reconocer la buena voluntad y decidido apoyo de numersos parlamentarios, quienes en ningún momento retacearon su apoyo y solidaridad a esta causa. Concretamente, nuestra movilización logró romper con ese largo, cansador e inhumano maleficio que duró 18 años.

 

3. CONCLUSIÓN

            Creo que un falso miedo se apoderó de algunos, al pensar que la Ley de Lenguas solamente traería “problemas” sobre todo para los monolingües castellanos del Paraguay. Más de uno de ellos (profesional, comunicador, político, gente chuchi, etc) pensó que la Ley les obligaría a hablar Guarani pero nadie -con excepción de quienes propulsamos esta Ley- pensó ni le interesó las flagrantes faltas en contra de los derechos humanos de la gente Guarani-hablante, que por tanto tiempo y hasta hoy permanece invisible; es decir, están pero no están. Puntulamente, al hablar de Ley de Lenguas la gran mayoría solamente pensó que se trataba de una Ley para el Guarani.

            Tampoco es menos cierto que quienes trabajamos por la promulgación de la Ley de Lenguas: Profesores de Guarani, fuimos los únicos que en el Paraguay, se han preocupado de una Ley de Lenguas que beneficie a todas las lenguas habladas en nuestro país. A lo mejor hubiera sido mucho más sencillo y rápido para nosotros, trabajar por la creación de la Academia de Lengua Guarani y punto; sin embargo, siempre procuramos ver el contexto, y concientes de nuestra realidad socio-cultural y lingüística hemos luchado por la aprobación de esta Ley de Lenguas.  

Particularmente, varias veces dije y hasta hoy sigo sosteniendo que el Guarani, lastimosamente, estuvo y aún está identificado con la sufrida e inmisericorde historia del Indígena y del Paraguayo común. Esa historia tiene en común situaciones de sometimiento, opresión, dolor y enfrentamientos. Es por ello que, en más de una oportunidad, utilicé en este escrito la palabra batalla, por que eso es lo que hicimos y hacemos cotidianamente: batallar. Es triste e ingrato reconocer que al Guarani nunca nadie le regaló nada. Todo le costó sangre, sudor y lágrimas. En verdad, el Guarani siempre caminó sobre una delgadísima cuerda. Sus compañeros fueron el peligro, la marginación, la degradación y la amenaza de muerte. Es más, para que ir lejos, si actualmente, y una vez más, el Ministerio de Educación dispuso la exclusión de la Lengua Guarani del tercer curso de la educación media, en el 2011. Ojalá que la sanción de la Ley de Lenguas haga rever al MEC esta estúpida e incoherente resolución tomada, de contramano a la Constitución Nacional y al espíritu de esta Ley de Lenguas.  

            Pero así como hay puntos negativos también debemos destacar que mucha gente quiere ver al Guarani ya normatizado y normalizado. Es más, hay mucha presión en ese sentido, de adentro y de afuera. Cada día hay alguien que se acuerda del Guarani (bien o mal) ya en el Paraguay o en algún recóndito lugar del mundo, y ese es un signo positivo. Pero convengamos que la situación no es ni será tan fácil. Más que nunca debemos redoblar y mancomunar nuestros esfuerzos para orientar al Guarani hacia un rumbo venturoso y feliz que desde hace más de quinientos años se le niega sistemáticamente. Si logramos iniciar la marcha también habremos iniciado un proceso de descolonización y de liberación.  

            Sin ninguna duda, a partir de la promulgación de la Ley de Lenguas habrá un hito histórico que marcará un antes triste, colonialista y degradante; y un después optimista, liberador e inteligente, como el Paraguay se merece.

 

(*)        Presidente (Director General) del ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI. Doctor en Lengua y Cultura Guarani. Docente universitario. Escritor bilingüe. Traductor público. E-mail: davidgaleanoolivera@gmail.comateneoguarani@tigo.com.py

 

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